Aquel día

Es del todo imposible reconstruir ahora tus alquimias.
Hube de darme cuenta antes,
antes de expresarme roto alrededor de estos jóvenes pinos,
y de suprimir ante ellos esta agonía que me envuelve.
No hay razón para que tú seas el único retrato de mi vida
y, sin embargo, es imposible separarte de mi estómago.
Tú me dijiste que aquí pudiera encontrar alimento
y lo único que encuentro es furia de ardor contraído
o, quizá, dilatado entre múltiples fotografías
donde tú, inevitablemente, te encuentras.
Quién sabe dónde aparcaré mis palabras, mis actos,
que, envueltos de enormes mareas, reverberan
y se me vienen como haces de luz avasalladores.
Es cierto que hoy eres un poco más mayor
y debes de haber pensado en mí, sobre todo por la espera,
la espera de recibir algo que te diga cómo me encuentro.
Pero yo no me encuentro del todo.
Sólo funciono a través de otros engranajes,
aprendiendo cada día múltiples significados
de otras tantas, pero todas iguales, expresiones.
Y comprendo que te hayas ido y eso me duele en el alma
porque soy, en el fondo, tan dolorosamente incierto…
A veces aparto de mí estas cadencias
para pensar en lo que tú yo una vez fuimos
y sentir que aquellos tiempos remotos están, todavía, llenos.
Así me regocijo y entristezco al tiempo
solo, cada vez más ralo, menos firme, más desarmado.
Pienso en ti, cuando que ocupas tu lecho
y recuerdas lo que yo fui y no puedes evitar.
Seguramente la vida no sea más que un flujo
donde, al tiempo, construir y evitar todas las cosas
que nuestro complicado corazón nos dictamina.
A pesar de todo, hoy es aquel día, y tendré en cuenta
todos aquellos abrazos que pasaron por nuestras manos.