El vacío incólume

A pesar de todo, todo es impreciso.
Imprecisa es tu sonrisa, lo es tu cadera y lo es todo.
O casi todo.
Y, naturalmente, todo es nada.
Es prácticamente lo mismo.
En cualquier caso habremos de recorrer senderos
para olvidar precisamente lo que somos, y reírnos.
De todo y de nada.
Temerosos vamos, ocultándonos. Olvido.
Realmente desconocemos nuestra misión aquí.
Por eso recurrimos al olvido.
A la nada.
A este vacío primitivo e incólume que nos atrapa.